La historia del Señor de la Soledad

La historia del Señor de la Soledad

El Señor de la Soledad, es sin duda alguna, el protector de la Ciudad de Huaraz, sobre su historia y origen se han contado diversas versiones. Pero lo cierto es que está tallado en los corazones de los Huaracinos que, año a año le rinden homenaje por todas las protecciones que brinda a nuestro pueblo.

Es cierto también que; cada vez más gente ha ido olvidando lo trascendente que ha sido a lo largo de nuestra vida. Por eso desde acá hacemos un esfuerzo para difundir su historia y pedimos que derrame su bendición a nuestros pueblos.

Sin más preámbulos, les traemos una de las versiones de la historia que se cuenta sobre el «Papachito», como solían llamarlo nuestros padres y abuelos.

¿Historia o Leyenda?

Hace mucho tiempo, cuando la ciudad de Huaraz no pasaba de ser un pequeño villorio, el Barrio de la Soledad no era más que un campo desolado cubierto de pasto y maleza; que, azotadas por el frío glacial, se asomaban a duras penas por la superficie.

En un sector de ese barrio, había una casa de adobe que apenas le hacía frente al viento, el cual soplaba como un toro embravecido. El techo de paja milagrosamente lograba parar la inclemencia de la lluvia.

En esa casa vivía una campesina de edad muy avanzada, cuyo paso del tiempo se reflejaban en las arrugas de su rostro. Sus manos ásperas, callosas y a la vez tan frágiles, eran testimonio vivo de que había trabajado toda su vida en el campo.

La anciana salía de casa diariamente por las mañanas o a veces por las tardes, dependiendo de lo que determinaba el clima; y se dirigía a una especie de lago ubicado a unos pocos kilómetros con la finalidad de recoger pasto fresco para poder así alimentar a los conejos y cuyes que criaba para poder vivir.

Una tarde, en el instante en que las campanas de la catedral sonaban dando el ángelus, la anciana se dirigió a la laguna en busca de forraje. Al ir llegando percibió un penetrante y delicado aroma a azucenas, el cual se hacia mas fuerte al estar más cerca. Cuando estuvo por fin en el lugar encontró las orillas mustias. Era como si alguien hubiese arrancado el poco pasto que quedaba allí, la anciana entro en pánico y desesperada comenzó a hurgar por el lugar.

Iglesia de la Soledad – 1959

En su intento de hallar hierbas lozanas, aparto unas matas maltrechas que había en el lugar, y cual no seria su asombro, cuando al separar las ramas encontró entre los tallos y florecillas a Cristo crucificado de cuyo cuerpo emergía el exquisito aroma que sintió al llegar al lugar.

La sorprendida anciana cayo de rodillas y se puso a rezar con extrema devoción, pues comprendió que esa era una señal divina. Posteriormente corrió al pueblo a comunicar la bella novedad. Los pobladores sorprendidos con la noticia, acudieron al lugar y hallaron al oloroso crucifico. Con inmensa alegría, decidieron llevarlo en procesión a la vieja iglesia, donde fue colocado en una urna especial.

Aconteció que al día siguiente la imagen de Cristo desapareció. Los feligreses preocupados no sabían que hacer y desesperadamente lo buscaron por todos lados sin encontrarlo. Cuando ya habían perdido toda esperanza, decidieron ir a la Soledad y allí sorprendentemente lo encontraron, así que llenos de alegría lo llevaron nuevamente a la Iglesia.

Hacemos una pausa para comentarte que es innegable que las tradiciones de nuestra región expresadas en leyendascuentos y mitos  se han ido perdiendo a través de los años. Por lo que pedimos tu apoyo compartiendo este contenido, de esa manera nos ayudas en la tarea de difundir nuestra cultura e identidad. Únete a la Página de Facebook de Portal Huaraz. ¡Dale al botón me gusta en el siguiente cuadro!

Continuamos….

Pero sucedió que al día siguiente volvió a desaparecer otra vez y fue nuevamente encontrado en el mismo lugar que la vez anterior. Así todos los días el santo cristo era llevado a la Iglesia, y todas las noches extrañamente retornaba a las orillas de la laguna.

Una mañana la anciana al hallar al Cristo Crucificado entre las verdes plantas, le preguntó por qué no quería estar en la iglesia del pueblo. Y él respondió que estaba muy cansado de caminar todas las noches hasta las riberas de la laguna porque allí le agradaba estar, y que por eso quería que en ese sitio le construyeran un templo. La viejita transmitió el encargo del Señor. Entonces, primero levantaron una ermita donde fue colocada la imagen. Y como el lugar era solitario y triste, el Señor fue llamado: “El Señor de la Soledad”.

Con el discurrir del tiempo, fue construida una iglesia, en cuyos aledaños, los pobladores levantaron sus casas. La laguna se secó, y en el centro de su lecho fue erigido el Altar Mayor en cuya urna fue depositada la imagen. El Señor, tiene así bajo su custodia a las aguas que son las de un volcán.

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