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El mito de los Huaris

 El mito de los Huaris

Por Santiago Antunez de Mayolo

En un principio no existía más que humo y la tierra que se formó de él. Vivían los Huaris en el Ucho-Pacha (interior de la tierra) y soplaron las cadenas de los Andes; los Amarus (serpientes), salieron del seno de la tierra por las resquebrajaduras de los cerros u Orkos (machos), bajo formas de humo, transformándose en gigantes rojos, desnudos y con enormes dientes.

Hubo una época de desavenencia entre Urampacha (la tierra) y Janampacha (los cielos) a causa de los Huaris, quienes en un principio vivían en Huaylas, y entonces se partió en dos la gran cadena de los Amarus del Callejón de Huaylas, y con la lluvia y la tormenta se llenó de agua, inundando también la tierra de los Huaris, que por tal razón emigraron al Oriente y poblaron los valles de Chanin (Chavin) y el Marañon; llegaron hasta Huacrachuco. Pero estos Huaris, hercúleos y poderosos, degeneraron y se convirtieron unos en hombres y otros en animales y plantas, que todos son descendientes de los Huaris; los Dioses de la fuerza de la naturaleza.

Tan notable concepción cósmica, panteísta, es digna de admiración. La materia se había formado del «humo» (es decir, de los tres elementos primordiales al estado libre) y es aun bajo formas de humo que salen los espíritus de los Huaris del Uco-Pacha y se transforman en los gigantes rojos y desnudos, con los que aparece la vida en la Tierra; y de estos gigantes descienden los hombres, animales y plantas que tienen algo de atributos de los Huaris, inclusive el elemento inteligente que encarna el hombre. La fuerza bruta encarna el felino y he ahí porque los indios de Chavín simbolizaron al Huari por el felino y lo adoraron. Hoy se ve aún al Huari, ya antropomorfizado, en las cabezas humanas, con colmillos de felino, esculpidos en las piedras y cuyo significado profundo se desconoce.

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